jueves, 14 de septiembre de 2017

Mercaderes en el templo / Paradigma bio-comercial en Psiquiatría.

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¿Y qué concluir de todo esto? 

No se trata de demonizar a la industria ni a los médicos,  sino  de  describir  un  estado  de  cosas.  De  tener  conocimiento,  que  es  la primera condición del poder. Y, como psiquiatras y profesionales de la salud mental, debemos recuperar el poder sobre nuestro trabajo. 



Creemos que otra Psiquiatría puede ser posible y, sin duda, que es necesaria.




    _Una Psiquiatría que se dedique al estudio de su objeto (la mente, la conducta, la locura o como queramos llamarlo...) sin injerencias de intereses comerciales que sesguen nuestra información.

   _ Una Psiquiatría capaz de ponerse límites a sí misma y no pretender tratarlo todo, sabiendo que  la  normalidad, en la consulta psiquiátrica, muchas  veces  no  mejora  sino  se cronifica, y que si tratas a alguien sano como un enfermo, lo más probable es que acabe  viéndose,  sintiéndose  y  comportándose  como  un enfermo.

    _Una  Psiquiatría que se centre, sobre todo, en el loco y el enfermo, en su sufrimiento, y deje a los cuerdos  y  sanos  luchar  por  su  felicidad  sin  falsos  remedios.

    _Una  Psiquiatría  que emplee sus tratamientos farmacológicos y psicoterapéuticos cuando estén indicados y de la forma adecuada, con información científica no sesgada.

   _ Una Psiquiatría que no colabore en arruinar un sistema público de salud que debe ser sostenible, porque de ello depende nuestro futuro y el de nuestros hijos.

 Y si tal Psiquiatría es posible, debemos intentar hacerla real.




    En  línea  con  plataformas  como  No  Gracias,  los  autores hemos decidido cortar nuestros vínculos con la industria farmacéutica

    Hemos hecho  estudios  para  ellos  y  cobrado  por  ellos  (ahora  la  última  tendencia  es  que, además de pagarte por recoger unos datos, te ponen de autor corporativo, con lo que acabarán decidiendo también nuestro currículum y quién ocupa o no una plaza en la sanidad pública), hemos viajado a congresos y jornadas diversas, hemos ido a múltiples comidas y cenas “de trabajo”... Todo ello en el convencimiento de que tal conducta no afectaba a nuestra prescripción, que éramos capaces, pese a ello, de mantener la independencia.

    Pero descubrimos que no era así. Descubrimos que nos costaba prescribir un genérico, que nos era difícil no recetar la última molécula presentada... Y no pretendemos hacer apología de nuestra posición. No conocemos psiquiatras corruptos que indiquen tal fármaco a cambio de tal recompensa. Y creemos que puede haber compañeros que sean capaces de mantener su independencia a pesar de ese contacto con la industria, pero nosotros no pudimos mantenerla, y  ahora queremos recuperarla. 

    Cortamos lazos con la industria porque también, y es parte  de  la  trampa,  sus  incentivos  te  acostumbran  a  un  nivel  de  vida  por  encima del que el sueldo de nuestra profesión, en este país, debería permitirnos: viajes al extranjero todos los años, hoteles de cuatro y cinco estrellas, comidas y cenas en buenos restaurantes, libros gratis... Y cuesta renunciar a ello pero, en nuestro caso, lo hacemos. 

    Hemos estado en la trinchera y, lógicamente, no hemos podido evitar mancharnos de barro, así que nos salimos.


    Pero creemos que la solución no está sólo en manos de los profesionales.


    _La solución pasa por las administraciones públicas, que deberían responsabilizarse de la investigación y la formación, hasta ahora abandonadas en manos de la industria, así como fijarse en qué fármacos el sistema público debe financiar y cuáles no, por no  aportar  nada  nuevo.
      
    _La  solución  pasa  por  las  asociaciones  profesionales,  que deberían fijar precios para sus actos científicos que no obligaran a un patrocinio.

    _La  solución  pasa  por  las  direcciones  de  los  centros  públicos  en  que  trabajamos, que deberían limitar y controlar (¿prohibir?) el acceso de visitadores médicos. 

    _Y, por supuesto, la solución pasa por cada psiquiatra y cada profesional, que debería, deberíamos,  reflexionar  sobre  nuestras  teorías  y  nuestras  prácticas,  parándonos  a pensar qué tipo de Psiquiatría queremos.


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